4 jun. 2011

Perdona si te duelen mis palabras.

Por favor,
no permanezcas mas de lo necesario,
en mi espacio vital.
La quietud con la cual
suelo moverme alrededor de mi vida,
solo me permite transmitir
emociones sutiles,
de enorme calma, en este instante.
No suelen estancarse las palabras
en mi mente,
la tempestad se ha vuelto mas intensa
y debes partir,
para que vuelva a mecerme en aguas armoniosas.
Aguas que corren tranquilas,
cristalinas,
devolviendo al cauce un rumbo habitual.
Como veras en mi
ya no existe el deseo
por dar vuelta de pagina.
Quizás la estancia del desamor
ha echado raíces en mi alma,
mi corazón no desea desbocarse
en los placeres que como besos,
ante mi presentas cual ofrenda.
Se han perdido sentimientos pasionales
en el camino recorrido hacia cualquier lugar,
no determinado,
el destino se me ha definido en la penumbra,
que no entre en mi la necesidad,
hasta hoy ausente.
Sin romper la rutina
en la que se posan mi mirada y mis manos
cada día, en que lentas pasan las horas.
Por favor,
no te quedes,
no es momento aun,
para liberarme del pasado.
Este tiene su peso resumido
en varias etapas unidas por la eternidad.
Lamento que mis palabras carezcan de
algún atisbo de esperanza,
la he dejado rasgando la puerta,
encerrada en las memorias de un amor
arraigado por la burla del destino.
No es que no te quiera,
es la pena o el dolor
como quieras llamarlo,
el que hoy, ahora,
maneja las frases que nacen,
y se plasman en lo que te escribo.
Lo cual lees es un instante
de desahogo,
un instante de delirio
donde no mido la conjugación de palabras,
ni me place la idea de convencer
a quien quiera de sentirse
emocionalmente motivado por ellas.
Hoy no mido mis ilusiones,
ni hago huella de mi presencia.
Hoy me hago ausencia.
Soy el vuelto de la esencia
con la que fui concebida.


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